Un café con José Manuel Muñoz, BOTTLING MANAGER en Pernod-Ricard
José Manuel, Ingeniero Agrícola (UPM) y Tecnólogo de Alimentos (UAM) con más de veinticinco años de experiencia, ha liderado áreas de producción, logística y mejora continua en grandes compañías como Bimbo, Schweppes y García Carrión. Actualmente, como Jefe de Producción en Pernod Ricard, aplica su visión estratégica y técnica para optimizar procesos y equipos humanos, garantizando la máxima eficiencia bajo los estándares de calidad y seguridad más exigentes del sector.
Empack: José Manuel, cuéntanos un poco tu experiencia en Pernod-Ricard y cómo es tu día a día dentro de la empresa
José Manuel: Aunque llevo menos de dos años en Pernod Ricard, este periodo profesional ha sido intenso y productivo en búsqueda continua de la excelencia operativa. Mi día a día comienza analizando el rendimiento de las líneas de embotellado (OEE) y los principales problemas acaecidos el día anterior, que revisaré a continuación en la primera reunión matinal junto con el resto de los departamentos implicados en la producción. A partir de aquí, la planificación de líneas es un rompecabezas diario donde se deben organizar los turnos de trabajo y minimizar los tiempos de cambio para cumplir con el 100% de las órdenes planificadas cubriendo la demanda de la cadena de suministro.
Esta operativa se complementa con una intensa agenda de reuniones de coordinación y participación en proyectos transversales alternando con la gestión de proyectos propios y el “directo” de las líneas de embotellado. Colaboro frecuentemente con departamentos como calidad, mantenimiento o administración industrial para mejorar trazabilidad o reducir costes. El rigor es innegociable, especialmente en el control de calidad, mermas e impuestos especiales.
Finalmente, mi rol implica un fuerte liderazgo de equipos bajo un compromiso absoluto con la seguridad y la higiene tanto de las personas (H&S) como de los procesos (QSE), asegurando que cada lote cumpla con los exigentes estándares de calidad de la compañía. Garantizamos así que cada jornada no solo sea productiva sino también segura para todo el personal.
Empack: Tras tu larga trayectoria profesional en diferentes empresas, ¿qué proyectos te han supuesto un mayor reto o cuáles recuerdas especialmente y por qué?
José Manuel: En primer lugar, destacaría mi incursión en logística porque representó un importante desafío partiendo de mi falta de conocimientos y experiencia previa en el sector. Al incorporarme al departamento, identificamos oportunidades clave para armonizar la operativa y fortalecer la conexión estratégica entre producción y logística. A pesar de la marcada estacionalidad y variabilidad en la carga de trabajo, enfocamos los esfuerzos en aportar estructura y fluidez a los procesos diarios.
Para lograrlo, fue fundamental apoyarme en el talento del equipo, profesionales con una gran capacidad de trabajo junto con los que impulsamos un modelo más dinámico y polivalente. Esta colaboración permitió optimizar la gestión de almacenes y mejorar la planificación de rutas. En definitiva, esta etapa fue un ejercicio de unificación de criterios donde logramos transformar escenarios complejos en una gestión eficiente y coordinada, demostrando que la adaptabilidad y el liderazgo son fundamentales para superar retos operativos y potenciar los resultados.
En segundo lugar, destacaría mi actual proyecto profesional. El cambio de producir y distribuir marca blanca a hacerlo con marcas propias es reseñable y ha requerido por mi parte, un esfuerzo importante de adaptación. La idiosincrasia de Pernod Ricard se define por el concepto de «Convivialité», transformando la venta de bebidas espirituosas en una apuesta por las relaciones humanas y las experiencias compartidas.
Empack: ¿Cuáles crees que son las mayores ventajas de contar con ferias como Empack para la industria de la alimentación & bebidas y la visibilidad de la investigación en este sector en concreto?
José Manuel:
Contar con ferias como Empack supone un motor estratégico fundamental para la industria de la alimentación y las bebidas, un sector donde el envase ha dejado de ser un simple contenedor para transformarse en una garantía de seguridad y competitividad. En este sentido, el evento permite conocer de primera mano los avances en envases activos y tecnologías de barrera, innovaciones que resultan cruciales para reducir la migración de partículas y combatir el desperdicio alimentario, asegurando así que los productos lleguen en condiciones óptimas de frescura al consumidor final.
Asimismo, la feria se convierte en un recurso indispensable para afrontar el complejo entorno normativo actual. Ante las constantes regulaciones sobre plásticos y economía circular, el encuentro ofrece soluciones tangibles de ecodiseño y materiales compostables, herramientas que permiten a las empresas cumplir con la legislación vigente sin comprometer su eficiencia operativa. De este modo, Empack actúa como un «escaparate vivo» para la investigación, el desarrollo y la innovación, facilitando la transferencia tecnológica necesaria para que los avances en nuevos polímeros o etiquetado inteligente pasen directamente del laboratorio a la implementación industrial.
Finalmente, este tipo de espacios sirve para validar las tendencias que marcan el futuro del mercado. A través de áreas dedicadas al diseño y la funcionalidad, se hace visible cómo la investigación estética responde a los nuevos hábitos de consumo, elevando el valor percibido de las marcas. En definitiva, Empack logra cerrar la brecha entre la ciencia de materiales y el mercado global, asegurando que la innovación no solo sea visible, sino también rentable y sostenible para todo el tejido empresarial.
Empack: Y si miramos al futuro: ¿qué te gustaría ver implantado en el sector dentro de cinco o diez años en términos de sostenibilidad o innovación?
José Manuel: Mirando hacia el horizonte de 2030-2035, el sector del packaging está llamado a evolucionar desde una simple estrategia de «reducción de daños» hacia un modelo de regeneración absoluta y digitalización profunda. Puestos a soñar, esta transformación buscaría convertir al envase en un aliado activo de la salud planetaria, comenzando por la estandarización de los denominados «envases vivos». El objetivo es que los materiales de tercera generación, cultivados a partir de micelio de hongos o algas, no solo sean compostables, sino que desaparezcan en cuestión de días sin dejar microplásticos, permitiendo incluso que el consumidor pueda ingerirlos o utilizarlos como abono directo.
En paralelo a esta revolución biotecnológica, el futuro del sector pasa por una trazabilidad total sostenida por el pasaporte digital. En este escenario, cada envase contaría con una identidad única que permitiría a cualquier persona conocer la huella de carbono real del producto mediante un simple escaneo. Esta transparencia facilitaría además que los sistemas de gestión de residuos identifiquen automáticamente cada pieza, garantizando un reciclaje molecular perfecto y eliminando la incertidumbre en la cadena de recuperación de materiales.
Por último, esta visión se completa con una logística automatizada que deje atrás definitivamente el modelo de «usar y tirar». El ecosistema del mañana integrará sistemas de logística inversa inteligente donde drones o vehículos autónomos se encargarán de recoger envases muy resistentes y estandarizados directamente en los hogares. Al ser higienizados y devueltos al ciclo productivo, se cerrará el círculo de la reutilización, eliminando la necesidad de fabricar material virgen y consolidando la integración de la inteligencia artificial y la biotecnología como el nuevo estándar de la industria.
Empack: Finalmente, si tuvieras que darle un consejo a tu yo de hace 10 años, teniendo en cuenta los cambios imprevisibles a los que nos hemos enfrentado en estos últimos años, ¿cuál sería?
José Manuel: Si tuviera que hablar con mi versión de hace una década, el titular sería: «No te prepares para el plan, prepárate para el cambio».
Hace diez años, el mundo subestimaba la velocidad de la transformación digital y la urgencia climática. Mi consejo sería priorizar la agilidad mental y operativa sobre la estabilidad rígida. En un sector como el packaging, le diría que dejara de ver el envase como un residuo inevitable y empezara a verlo como un activo de datos y biotecnología.
Le advertiría que las crisis globales (desde pandemias hasta rupturas en la cadena de suministro) no son anomalías, sino catalizadores. Por ello, la verdadera ventaja competitiva no reside en tener la máquina más rápida, sino en la capacidad de pivotar: pasar del plástico al biopolímero en meses, o de la venta física al e-commerce en semanas.
Finalmente, le diría que la colaboración radical será la moneda más valiosa. Nadie sobrevive a los cambios imprevisibles solo; el éxito futuro depende de crear ecosistemas donde la ciencia, la industria y la conciencia social converjan. En resumen: invierte en resiliencia, abraza la incertidumbre y nunca subestimes el poder de una buena idea sostenible.
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