Reciclable no significa reciclado: el gran reto que todavía tiene el packaging

Durante los últimos años, una de las principales prioridades de la industria del packaging ha sido conseguir envases reciclables. Se han rediseñado formatos, sustituido materiales, eliminado componentes y desarrollado nuevas estructuras con un objetivo claro: que el envase pueda volver a convertirse en materia prima una vez termina su vida útil , y aún estamos en ello.

Pero existe una pregunta que cada vez cobra más importancia: ¿qué ocurre realmente después de depositar el envase en el contenedor?

Que un envase sea técnicamente reciclable no significa necesariamente que vaya a ser recogido,
correctamente clasificado, reciclado y transformado en un nuevo material. Entre el diseño del envase y su reincorporación a la cadena de producción existe toda una infraestructura de recogida, clasificación y reciclaje que determina, en buena medida, si ese potencial de circularidad llega a hacerse realidad.

Del diseño del envase al sistema de reciclaje

Durante mucho tiempo, el debate sobre la sostenibilidad del packaging se ha centrado principalmente en el propio envase: qué material utilizar, cuánto pesa, si contiene material reciclado o si puede reciclarse.

Sin embargo, la circularidad no termina en el diseño. Un envase puede estar diseñado para ser reciclable y, aun así, encontrarse con diferentes barreras cuando llega al final de su vida útil. Su tamaño, color, composición, combinación de materiales, presencia de etiquetas o adhesivos o incluso el sistema de recogida disponible en una determinada región pueden condicionar su recuperación.
Por eso, cada vez resulta más necesario pasar de una visión centrada exclusivamente en el «diseño para el reciclaje» a una visión más amplia: diseñar teniendo en cuenta el sistema de reciclaje real en el que ese envase va a operar. No se trata únicamente de preguntarnos “¿puedo reciclar este envase?” , sino de plantearnos “¿qué posibilidades reales existen de que este envase sea reciclado y de que el material recuperado tenga un nuevo uso?”

La clasificación es el eslabón que muchas veces olvidamos
Una vez recogido, el residuo todavía tiene que ser identificado y separado correctamente. Las plantas de selección utilizan diferentes tecnologías para clasificar los materiales y dirigirlos hacia los procesos de reciclaje correspondientes. En este punto, las características del propio envase vuelven a ser determinantes. 

Los sistemas de clasificación deben diferenciar materiales, formatos y composiciones que llegan mezclados. Cuanto más compleja sea una estructura o más difícil resulte identificarla y separarla, mayores pueden ser las dificultades para recuperar el material. 

Esto pone sobre la mesa una cuestión especialmente relevante para el ecodiseño: un envase no debería diseñarse únicamente pensando en cómo se fabrica, sino también en cómo será identificado, separado y tratado cuando se convierta en residuo.

Y después llega el reciclaje
Superada la fase de recogida y clasificación, comienza el proceso de reciclaje propiamente dicho.
Pero tampoco aquí todos los residuos tienen las mismas posibilidades.

La calidad del material recuperado depende de múltiples factores: la composición del residuo, su nivel de contaminación, la tecnología disponible o las características del propio proceso de reciclaje. En algunos casos, el material puede reincorporarse a aplicaciones de alto valor; en otros, puede
destinarse a usos diferentes o sufrir pérdidas a lo largo del proceso.

Esta diferencia es especialmente importante cuando hablamos de cerrar el ciclo. El objetivo de una economía circular no es simplemente que el residuo sea procesado, sino que el material recuperado pueda volver a utilizarse como recurso, sustituyendo, cuando sea posible, la necesidad de nuevas materias primas . Y si puede ser que ese material se recicle para el mismo uso,aún mejor.

Por eso, la verdadera pregunta para la industria no debería ser únicamente cuánto packaging es reciclable, sino cuánto material conseguimos realmente recuperar y volver a poner en circulación.

La disponibilidad de material reciclado también condiciona el sistema. Existe además una segunda cara del problema: incluso cuando disponemos de tecnologías capaces de recuperar un material, necesitamos que exista un mercado para ese material reciclado.

La circularidad requiere conectar dos extremos de la cadena: por un lado, los residuos generados y, por otro, la demanda de materias primas secundarias. Si la industria necesita material reciclado de determinadas características, pero el sistema de recogida y reciclaje no consigue producirlo con suficiente calidad, cantidad o regularidad, se genera un desajuste que limita el desarrollo de los modelos circulares.

Esto hace que la transición hacia un packaging más circular no sea responsabilidad exclusiva de fabricantes de envases. Requiere la colaboración entre marcas, fabricantes, gestores de residuos, plantas de selección, recicladores y consumidores .Cada eslabón influye en el siguiente.

Del «reciclable” al “reciclable en la práctica”

La evolución que está experimentando el sector plantea, por tanto, un cambio de perspectiva.

Durante una primera etapa, el objetivo fue eliminar aquellos envases que claramente no podían reciclarse y desarrollar alternativas técnicamente reciclables. El siguiente reto es más complejo: conseguir que esa reciclabilidad funcione en la práctica y a escala. 
Esto implica diseñar envases compatibles con las infraestructuras existentes, conocer las limitaciones
de los sistemas de recogida y clasificación, mejorar las tecnologías de reciclaje y, al mismo tiempo, generar una demanda suficiente de los materiales recuperados.

La innovación, por tanto, no se encuentra únicamente en nuevos materiales o nuevos formatos.

También está en las tecnologías de clasificación, separación y reciclaje , en la trazabilidad de los
materiales y en la capacidad de conectar diferentes actores de la cadena de valor.

Un reto que va más allá del envase
El futuro del packaging circular no dependerá de encontrar un material que, por sí solo, resuelva el problema.

Dependerá de construir un sistema en el que diseño, recogida, clasificación, reciclaje y mercado estén conectados. La industria tiene ahora la oportunidad de dar un paso más: pasar de diseñar envases que pueden reciclarse a diseñar soluciones que tengan mayores probabilidades de ser recogidas, clasificadas y recicladas de forma efectiva.

Porque entre un envase que es reciclable sobre el papel y un material que vuelve realmente a convertirse en un nuevo producto existe una cadena completa. Y es precisamente en esa cadena donde se juega buena parte del futuro del packaging circular.

El reto que veremos en Empack 2026
Con la próxima edición de Empack Madrid 2026 , el sector volverá a reunir en un mismo espacio buena parte de las tecnologías y soluciones que están trabajando para cerrar esta brecha .

Será también una oportunidad para observar hacia dónde está evolucionando la industria y, sobre todo, para hacerse una pregunta que cada vez será más importante: ¿Estamos diseñando envases para que sean reciclables o estamos diseñando sistemas para que realmente vuelvan a ser recursos?

Mireia Andreu Robert – Experta en Sostenibilidad y Packaging

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